Historia de 'A'

Para citar este artículo:
Tamayo González, Claudia (Marzo de 2016). Historia de 'A'. Web universo arke. blog-topos, Reflexiones. Recuperado de: https://www.universoarke.com/blog-topos/reflexiones/historia-de. Diciembre 17, 2018 - 11:22
Tema: 
Mambrú. Alejandro Mesa (2009)
Mambrú. Alejandro Mesa (2009)

'A' es Arturo, un nombre que me invento porque para contar nuestros dolores y darle lugar a las memorias, nos toca… hemos aprendido, a cubrir los rostros. Este rostro, uno de tantos, se reveló poco a poco al interior de un consultorio. Allí me he puesto ante la violencia con mis oídos, mi corazón y mi palabra.

Un día 'A', Arturo, se sentó enfrente, se recostó en el diván, cerró los ojos y  habló de su vida durante dos años. De esa voz, aprendí que en Colombia, hubo un niño que a los 4 años se fue de la casa, ingresó a un grupo armado, se entrenó como escolta y cuidó a un jefe que mataba. Tomó las armas, vivió en la selva y marcó con rayas de cuchillo, mes a mes, el registro de sus muertos sobre la cacha del arma.

Estos recuerdos se abren paso en un día de difuntos... Diez rayas, diez calendarios, diez años. Bojayá, de cara frente a la historia es la suma de una herida, la secuencia de esta y tantas marcas.

Arturo dijo que había disparado. Seis años después de la tragedia, miraba de nuevo la iglesia de esta historia. Todo templo ha sido fundado sobre el misterio de la primera piedra bajo la sombra de una cruz en sangre -desde la cual- Dios hecho carne, miró al hombre y lo bendijo con la esperanza de que tomara distancia de su barbarie.

Ante la amenaza, un pueblo desprotegido busca el espacio sagrado y se resguarda. Se recoge entre sus muros y tiembla ante el acecho del Otro, del que dispara. Se cierran las puertas, la vida llora y el sepulcro al que le cae un cilindro, estalla.

Arturo dice que todo fue un error. No era la vida de la gente del pueblo lo que buscaban, querían al enemigo, al uniformado que -de este lado o del otro- es el mismo y que para ese momento señalaron allá, al interior del templo, sobre un mapa de horror.

Al ver lo que había sucedido, Arturo no entendía y dejó de entenderlo durante varios años. En la guerra el que recuerda muere y el que olvida vive. En la guerra el que pierde los símbolos mata lo humano y le dispara a un cuerpo, a una cosa, a una granada... La violencia es la palabra rota de una bala que habla.

Conocía su historia y podía ver a cuenta de que caminos 'A', Arturo, había hecho parte de masacres. En el fondo siempre hay un huérfano que se va de casa, guiado por un enigma que lo conduce a un bosque, a un reino lejano o a la casa de una bruja. Al caminar encuentra parajes insospechados y se abre paso ante peligros que supera, puesto que encuentra un anillo que ayuda, una brújula marcando norte, un hada, un cisne, un mago, un tesoro, un sabio.

La diferencia es que en este recorrido de Arturo, el enigma se convierte en la promesa de superar el hambre, el abuso, la marginalidad. En tierra de violencias hay un legado: se juega a la guerra con los fantasmas. El tesoro toma la forma del arma como amuleto de poder y fuerza. Las figuras que guían en un asunto de inversiones, resultan ser los grupos armados, las pandillas, los comandantes, el narcotráfico y todas las caras de la corrupción.

Arturo como Mambrú, viajó a la guerra, perdió el nombre, mató en su patria. Se fue de su reino, buscó el otro lado. Sin entender para qué lo hacía, un día entregó las armas y murió para la guerra: recordó lo que había vivido. Ahora sabía. Conocía la diferencia entre el bien y el mal, advertía sobre sus manos el paso de Bojayá y el deseo de enterrar a quienes, según decía, había dejado paralizados en la miseria de una larga caída.

Uno a uno, desde el diván y con los ojos cerrados para mirar adentro, le pedimos a cada muerto que se levantara. Arturo en sus imágenes de retorno fue mirándolos a todos. Supo que durante años había vivido con ellos, los tenía al lado, le latían en el pecho. Recordaba la última mirada, la que se congela antes del arma. Arturo lo sabía, no se olvida a quien se mata.

...Uno a uno, habla con todos, cuéntales la historia de lo que sucedió aquel día. Los muertos necesitan saber qué pasó con sus vidas tanto como los vivos... Ante estas palabras, la iglesia de Bojayá tembló en su centro. Arturo sintió que se le partía la cabeza, contuvo las lágrimas y lentamente condujo a cada muerto hacia una puerta naranja que minutos antes habíamos creado para que pudieran cruzar hacia su paz. Antes de despedirlos, les habló.